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lunes, 1 de enero de 2018

5 grandes descubrimientos científicos del 2017

5 grandes descubrimientos científicos de 2017

La kilonova de la constelación de Hidra

Hace 130 millones de años, cuando los dinosaurios reinaban en el planeta Tierra, dos estrellas de neutrones (‘cadáveres’ de estrellas supergigantes) colisionaron en la constelación de Hidra, dando lugar a una explosión de dimensiones cataclísmicas, brillante como 1000 novas y generadora de ondas gravitacionales capaces de deformar el espacio-tiempo a su paso. Las ondas de dicha explosión llegaron a la Tierra el pasado 17 de agosto, justo unos segundos antes de que los telescopios espaciales captaran el estallido de luz.
Science eligió hace unos días este evento como el descubrimiento más importante de 2017, afirmando que consagra un nuevo punto de partida para el estudio astronómico. Como dato curioso, el físico Gabriel Martínez-Pinedo calculó que la explosión habría producido “unas 100 veces la masa de la Tierra en oro y unas 10 veces en plata y uranio, todo en pocos en segundos”.

El ‘cut & paste’ del ADN

Los investigadores recurrieron con éxito a la técnica de edición de genes CRISPR-Cas9 para recortar el gen mutado MYBPC3 en el genoma de embriones humanos y cambiarlo por una copia saludable, evitando así que el futuro pudieran desarrollar miocardiopatía hipertrófica, una afección capaz de causar la muerte súbita en personas jóvenes.
Por su parte, el químico de la Univ. de Harvard David Liu logró modificar la caja de herramientas de CRISPR para crear un editor de bases que, tras lograr el año pasado reemplazar una citosina (C) errónea por una timina (T), en 2017 ha conseguido cambiar una guanina (G) incorrecta –la mutación puntal más común– en una adenina (A)… lo que se ha traducido en la recuperación del oído en un centenar de ratones adultos con sordera congénita. Por su parte, el equipo de Feng Zhang en el Broad Institute logró sustituir una G por una A en ARN.

Un continente sumergido

Se podría pensar que a estas alturas de la historia, con toda la superficie terrestre mapeada primero por exploradores y más tarde por satélites, no podría ser posible descubrir nuevos continentes. Pero el año pasado nos demostró todo lo contrario. Así, los científicos nos mostraron Zelandia, el continente que se separó de Oceanía hace millones de años y que está en un 90% bajo el agua (el otro 10% son Nueva Zelanda y Nueva Caledonia).
Las muestras de roca y sedimentos recogidas del fondo marino muestran fósiles de plantas terrestres y de organismos originarios de mares poco profundos, lo que muestra que gran parte de Zelandia estuvo en su momento por encima del nivel del mar. Este descubrimiento nos proporcionará a partir de ahora más información sobre el movimiento de las placas tectónicas y el sistema climático mundial.

Somos 100.000 años más viejos de lo que creíamos

Hasta ahora pensábamos que los primeros Homo Sapiens evolucionaron en el este de África hace 200.000 años, pero una calavera descubierta en una mina de Marruecos hace décadas y datada ahora con la última tecnología disponible ha hecho retroceder el registro fósil de nuestra especie a hace 300.000 años, según el equipo dirigido por el paleoantropólogo Jean Jacques Hublin del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania).
Al aplicar un método de termoluminiscencia a las herramientas de pedernal encontradas junto a los fósiles determinaron que tenían entre 280.000 y 350.000 años (en la época en que el Sáhara eran bosques y llanuras verdes). Se cree que aquellos individuos formaban parte de una remota población de Homo sapiens que se extendió por todo el continente africano hace 330.000-300.000 años y que luego evolucionó hacia los humanos modernos, por lo que no podríamos atribuir nuestro origen a un punto concreto de África.

Atmósfera en una ‘Tierra’ lejana

Por primera vez en la historia, los investigadores han detectado la atmósfera de un planeta extrasolar poco mayor que la Tierra, llamado GJ 1132b. Éste parece tener una atmósfera muy caliente y espesa, lo que indicaría que este mundo tiene mucho más en común con Venus que con nuestro hogar.
La detección de esta atmósfera constituye un descubrimiento relevante por la sencilla razón de que hasta ahora los astrónomos sólo habían podido estudiar directamente las atmósferas de planetas gigantes gaseosos (similares a Júpiter). Y no hay que olvidar que el mero estudio de la atmósfera de un planeta puede ayudar a detectar evidencias de vida orgánica.

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